Judicial

El esquema de lavado de activos de los “bolichicos” en Colombia que reveló Salomón Korn

El empresario Salomón Korn, investigado por lavado de activos, le contó a la Fiscalía detalles sobre un sofisticado esquema ilícito de exportaciones a Venezuela que enriqueció a empresarios de ese país y de Colombia. FBI, DEA y el ICE están tras el caso.

El 31 de julio de 2019, la Fiscalía y la Dijín de la Policía anunciaron la captura del conocido empresario Salomón Korn Mitrani en medio de una investigación por lavado de dinero de tal magnitud, que hasta autoridades de Estados Unidos tuvieron que ver. Aunque el caso adquirió un perfil mediático más por su antigua relación con la actriz Carolina Acevedo (fue su esposo) por su magnitud, y pese al calibre de las pruebas que se conocieron durante la imputación de cargos, en la que la Fiscalía aseguró que parte de esa plata blanqueada pertenecía a narcotraficantes, hoy se indaga si un grupo empresarial venezolano fue el verdadero beneficiario de esa operación.

(Lea también: Salomón Korn habría conformado una red de exportaciones falsas a Venezuela)

Aún no hay fallo en este expediente. Sin embargo, desde septiembre de 2019 el empresario entregó a la Fiscalía un extenso testimonio que en marzo de este año amplió y que sería clave para descifrar la trasescena de este escándalo. La primera diligencia de interrogatorio de Korn Mitrani se llevó a cabo en el búnker de la Fiscalía, en Bogotá. Allí el empresario reconoció que participó de operaciones trasnacionales para lavar dinero de reconocidos empresarios de Venezuela. En su interrogatorio, conocido por El Espectador, Korn explicó que esta estructura delictiva nada tenía que ver con organizaciones mafiosas, sino con reputados comerciantes del vecino país.

Ellos, de grandes capitales y flujo de dinero, se habrían aprovechado de las distorsiones del mercado cambiario en Venezuela, es decir, de la diferencia entre el valor del dólar oficial y el que se transa en el mercado negro. Así, el testigo reveló detalles desconocidos de cómo funcionó esa estructura que lavó seis millones de dólares entre 2012 y 2014. Una sofisticada maniobra ilegal que desde hace años rastrean agencias estadounidenses como la DEA, el Servicio de Control de Aduanas (ICE) y el FBI. De entrada, Salomón Korn les explicó a los investigadores que las actuaciones ilícitas por las que es investigado arrancaron a finales de 2011, cuando conoció al empresario colombiano Andrés Puyana.

Ambos concretaron hacer negocios haciendo exportaciones a Venezuela, pues Korn conocía bien a empresarios en ese país que podían ayudarlos. Tiempo después, en otra reunión en el centro comercial Atlantis, en Bogotá, Puyana le presentó a su contadora de confianza, Eliana Cortés, y la propuesta de trabajo fue tomando forma. La estrategia parecía sencilla: la labor de Korn era juntar a empresarios venezolanos que tuvieran los contactos con el gobierno de ese país para poder acceder a dólares, a una tasa preferencial, a través de exportaciones hacia ese país, con negociantes colombianos dispuestos a enviar mercancía barata.

Dicho esquema no solamente fue usado por Korn, sino por otros empresarios colombianos que ya están en la mira de la Fiscalía. Lo importante, aclaró varias veces Korn Mitrani a los fiscales, era que la mercancía tuviera el sello de “Made in Colombia”, pues esa era la única manera que tenían los venezolanos de concretar el negocio. Así, la misión de Puyana y Cortés era conseguir productos a muy bajo precio para que, en Venezuela, pudieran venderlos con una sobrevaloración de hasta 1.000 por ciento. La razón de este cambio le servía a la organización colombo-venezolana para justificar una alta compra de dólares al Gobierno venezolano, el cual otorgaba esas divisas a unas tasas preferenciales.

Se trata de una estrategia que impuso el presidente Hugo Chávez Frías para, según decía, impulsar la economía del vecino país, frenar las importaciones que no fueran estrictamente necesarias y estimular la política exportadora. Con los precios de los artículos importados a Venezuela por el techo, es decir inflados, de acuerdo con Korn, lo que debían hacer era aprovechar el margen cambiario entre el dólar oficial y el dólar que circulaba en el mercado negro. Korn lo explicó de esta manera pedagógica a la Fiscalía: el Gobierno venezolano asignaba los dólares para la importación estableciendo una tasa de cambio de un dólar por un bolívar.

Sin embargo, ese mismo dólar en el mercado negro valía en realidad 10 bolívares. Por cada dólar que invertían en esa operación los empresarios venezolanos, estos obtenían en realidad 10 y los camuflaban con la compra de divisas oficiales. Una multiplicación súbita de recursos que parecía un negocio redondo. Era tan atractivo el asunto que reputadas empresas y empresarios colombianos empezaron a montar filiales en Venezuela para poder aprovecharse de esa distorsión cambiaria. Una estrategia que coincide con el incremento en las exportaciones a Venezuela que en esos años llegó a 3.000 millones de dólares, una cifra que alertó en su momento a agencias colombianas y norteamericanas que vienen rastreando esta forma de lavado de activos.

De vuelta a la explicación del negocio, Salomón Korn señaló que, con ese margen de ganancia por cuenta de las tasas de cambio del dólar en Venezuela, lo que ocurría en Colombia era que se pagaba a los colombianos el precio original de la mercancía y una comisión por la intermediación. Y ese diferencial que, podía llegar a ser casi del 95 por ciento de lo pagado por la importación, era devuelto a la organización venezolana en bancos en diferentes partes del mundo, la mayoría de los cuales estaba en China. Una compleja operación comercial en la que resultó clave un empresario de Panamá cuyo nombre ya tienen la Fiscalía y la DEA.

Así, señaló Salomón Korn, lograron lavar millonarias sumas dinero con la aparente complicidad de personas con altas conexiones en el Gobierno de Venezuela, que también se aprovecharon de esta distorsión cambiaria para enriquecerse. En otras palabras, a esos enlaces del Gobierno venezolano les interesaba en esa época mantener ese margen entre el dólar oficial y el dólar del mercado negro. De allí el interés de agencias de Estados Unidos para develar esta compleja operación de lavado y su conexión con las altas esferas del poder en el Gobierno de Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, hoy procesado por la justicia estadounidense.

El trato con los colombianos, como Korn señala, era que, a cambio de su intermediación, que incluía buscar mercancía barata y falsificar documentos para respaldar que su origen fuera de Colombia, se daba una comisión de entre el 2 y el 7 por ciento. “Con la operación cambiaria, los venezolanos y su organización quintuplicaban su capital (…) Por ejemplo, se buscaba un producto que costara realmente US$1.000 y se facturaba en US$ 50.000. Una vez se recibía el pago de esa exportación en Colombia, se pagaban los costos reales, o sea los US$1.000; se pagaban las comisiones que más o menos ascendían a US$2.500 y se giraba el saldo restante, es decir, US$46.500 a las empresas que los venezolanos y su organización indicaran”, confesó Korn a la Fiscalía.

De acuerdo con su testimonio, no era él la cabeza de la organización, sino más bien el intermediario de estos venezolanos que hicieron fortuna en medio de la volatilidad del dólar. Aunque Korn aceptó sus delitos, insistió siempre en que estos no estaban relacionados con la mafia, sino con avivatos empresarios de Venezuela. La Fiscalía indaga su versión. El negocio se acabó en 2014, cuando las relaciones bilaterales entre Venezuela y Colombia comenzaron a enfriarse, aunque el modelo se replicó en otros países de América Latina en transacciones hacia Venezuela. El testigo reveló nombres y empresas de esa organización venezolana con la que tuvo contactos e incluso dio pistas de sus fortunas en el exterior.

Una información que también tienen hoy autoridades de Estados Unidos. El Espectador no publica los demás nombres ni datos para no afectar las investigaciones. Durante meses, a pesar de las versiones entregadas por el testigo, el caso en la Fiscalía estuvo quieto. Sin embargo, desde marzo pasado, un nuevo fiscal de la Dirección en contra del Lavado de Activos retomó el expediente y hoy está en averiguaciones con agencias norteamericanas e impulsando el proceso. Se trata claramente de un expediente difícil, en tanto la mayoría de los salpicados ya no están en Colombia y, además, reconstruir la trazabilidad de esas operaciones financieras ilícitas requiere de la colaboración de varios países.

No obstante, la versión del empresario Salomón Korn constituye un norte muy importante en las pesquisas de las autoridades colombianas en este caso. Este diario se contactó con Korn, quien fue enfático en asegurar que no puede dar declaraciones, aunque no negó sus aproximaciones con la justicia colombiana. Este diario logró establecer, además, que otras personas involucradas en el escándalo también han venido colaborando con la Fiscalía. Un rompecabezas de dinero, conexiones, importaciones, brókers, distorsiones cambiarias y hasta poderosos venezolanos que formaron sus fortunas sobre el pavimento de la revolución bolivariana: los “bolichicos”.

Fuente:EL ESPECTADOR.

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