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El coraje de un policía que ayuda a cuidar el oriente de Cali durante la pandemia

Mientras recorre una de las cuadras del barrio Los Lagos de Cali, su jurisdicción, el patrullero de la Policía Freddy Alejandro Hoyos Cartagena dice que en esta zona hay una especie de ‘diccionario’ de improperios contra los agentes. Alguna vez escuchó que lo llamaron “aguacate”; en otra calle se refirieron a él como “cerdo”; lo más común es que le digan “tombo”, aunque los más osados – y que se encuentran lejos – le agregan un apellido: “tombo hijueputa”.

– Ser policía en el oriente de Cali es complicado. Aunque no son todas las personas, la cultura de muchos es que el policía es un enemigo. A veces capturamos a un ladrón, y así en la comunidad no conozcan a esa persona, nos hacen asonadas para quitarnos al capturado. Si la comunidad impide nuestro trabajo, ¿cómo la vamos a proteger?

Hace unos días, el 4 de abril de 2020, el patrullero se enfrentó a tres ladrones que robaron un supermercado en Marroquín III.

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El patrullero Hoyos Cartagena nació en Tuluá hace 25 años. Comenzó a hacerse policía el 26 de diciembre de 2001, cuando todavía era un niño. Ese día mataron a su papá, don Freddy Albeiro.

Eran las 10:30 de la noche y su padre se encontraba en la casa de al frente donde vivían, en el barrio Bosques de Maracaibo de Tuluá. La puerta de la casa del vecino estaba abierta. De repente entró un hombre con una pistola, y le propinó siete tiros a Freddy Albeiro. Él tuvo fuerzas para salir a la esquina y parar un taxi. Apenas el taxi frenó, se derrumbó. La mamá del patrullero Hoyos lo levantó y lo llevó al hospital. Pese a que llegó a tiempo para ingresarlo a cirugía, a la medianoche falleció.

Freddy dice que se sintió perdido; “en el limbo”. Y que se hizo policía para ayudar a las personas que quedaban con ese vacío, con esas preguntas que él se hacía: ¿por qué mataron a mi papá?

Nunca se supo. Los investigadores llegaron a dos hipótesis. La primera apuntaba a que a don Freddy Albeiro lo mataron por unas letras por pagar. Era prestamista. La segunda hipótesis decía que lo confundieron. Iban a matar al vecino. Pero el caso se cerró sin una respuesta definitiva.
Freddy, mientras tanto, viajó a Bogotá para cursar el técnico – profesional como patrullero. Durante cuatro años vigiló la capital. En la Policía, dice, a Bogotá la llaman ‘la escuela’.

– Es donde se aprende todo. Allá atendí demasiados casos: hurtos, violaciones. Patrullé Suba, una zona peligrosa. Pero ningún caso fue tan relevante como el que atendí aquí, en Marroquín III, este 4 de abril.

El patrullero completa siete años como agente. Desde hace tres trabaja en el oriente de Cali, después de que pidiera un traslado desde Bogotá para estar más cerca de su familia. Él hubiera querido patrullar en Tuluá, pero por lo menos la casa de su mamá ahora le queda a una hora y media en carro, y no a ocho.

Desde la estación de El Diamante sale a patrullar tres barrios: Los Lagos, Omar Torrijos y Marroquín.

Pese a llevar todos los implementos de seguridad contra el coronavirus, es inevitable el contacto en las requisas.

Especial para El País

Se trata de un territorio con varios problemas de seguridad. Para empezar, hay cuatro pandillas enfrentadas. Está la ‘Warner’, ‘los Pati Rusios’, los de ‘la cancha El Polvero’ y los de ‘Omar Torrijos’. Aunque hay un grupo de la Policía que hace intervención social con ellos, les programa charlas y torneos de fútbol, aún la paz no se concreta. Cuando alguno ‘da la pata’, se enfrentan. ‘Dar la pata’ significa estar por ahí, expuesto para que lo maten.

También hay tráfico de drogas, hurtos y homicidios, continúa el patrullero. Sin embargo, en parte por su trabajo y el de sus compañeros, y por la cuarentena debido al coronavirus, las estadísticas de los delitos en el oriente han disminuido.

Desde el 20 de marzo de 2020, cuando se anunció el toque de queda, hasta el 28 de abril, por ejemplo, asesinaron a 23 personas. En el mismo periodo del año anterior iban 47.

Igualmente lo que más se roban en el oriente son motos, y en el último mes se contabilizan 28 casos. En el mismo periodo del año anterior iban 102. A lo mejor, digo, eso se debe a que las motos, por la cuarentena, están guardadas.

– Pero en el oriente pareciera que el coronavirus no es con ellos – responde el patrullero Hoyos.
– ¿Cómo así?
– Acá se viola la cuarentena a diario. Por más comparendos que uno imponga, la gente sale como si no pasara nada.

Elodia Nieves, la directora de la Fundación Paz y Bien, que trabaja con jóvenes vulnerables, le da la razón al patrullero. Hay niños que a las 11: 00 de la noche juegan en las calles a tocarle el timbre al vecino. Ella se pregunta por los papás de esos niños: ¿dónde están? A los muchachos que andan en las esquinas les pregunta si acaso no han visto las noticias sobre la pandemia, y ellos le responden – sin tapabocas y a veces tosiendo– que tranquila, que “eso no pasa nada”. La juventud desde hace mucho no solo en el oriente sino en toda la ciudad perdió el respeto por la norma y la autoridad, dice Elodia.

El Secretario de Seguridad, Carlos Alberto Rojas, ensaya otras hipótesis sobre el incumplimiento reiterado de la cuarentena en el oriente. Una de esas teorías es que hay altos niveles de hacinamiento en las casas, y el espacio público es insuficiente – hay barrios sin parques – por lo que la gente acude a la calle parqués en mano y dominó.

Además, dice el Secretario, los niveles más bajos de escolaridad se encuentran en el oriente, y eso puede hacer que la comprensión de la pandemia no sea la misma que la de personas que han accedido a otros niveles de educación e información que les permite entender los peligros del coronavirus.

— Y hay que tener en cuenta que los niveles más altos de informalidad también están en el oriente, y por lo tanto la necesidad de muchos de salir a trabajar es inmediata. Eso genera que la relación con la norma no sea asertiva. Es lo que trae la informalidad: vivir con reglas propias y no con las de la sociedad. No pretendo hacer un juicio moral, pero por todo este contexto no es tan fácil que los ciudadanos permanezcan en sus casas por una orden nuestra. Sin embargo, seguiremos aplicando la ley.

En el oriente de la ciudad, y pese a medidas como la Ley Seca y la cuarentena nacional debido a la pandemia del coronavirus, la Policía ha debido actuar para detener fiestas en diferentes barrios.

El patrullero Hoyos cuenta que antes de salir a su turno, se encomienda a Dios. No solo para que lo proteja de los delincuentes, sino también del coronavirus. Carga un dije con la imagen de Cristo.

También guantes de látex, tapabocas, un frasco de alcohol y otro de antibacterial. Los implementos de seguridad contra el virus que causa el Covid – 19 se los facilita su novia, quien trabaja en el sector salud, mientras la Policía dota de estos insumos a los agentes.

– Pero no dejo de sentir temor. El contacto con las personas es inevitable. ¿Cómo requiso a distancia a un sospechoso de portar un arma?

El día que se enfrentó a los asaltantes del supermercado en Marroquín III acababa de terminar un operativo de revisión de antecedentes judiciales. También impartió comparendos a quienes incumplían la cuarentena. Después se fue a “pasar revista” a los supermercados, que en su cuadrante son varios: un Olímpica, un Justo y Bueno, y dos D1.

Cuando llegaba al D1 de Marroquín, a las 11:35 de la mañana, observó a tres sujetos que salían apurados del establecimiento. Uno de ellos tenía un revólver en la mano. Cuando vio al patrullero, le apuntó. El patrullero conducía la moto, y su compañero no se percató de lo que ocurría. Por eso no le quedó otra opción que quitar la mano del acelerador, y en segundos sacó su pistola de dotación y oprimió el gatillo.

El tiro le entró al ladrón por el abdomen. De inmediato lo esposó y llamó a una ambulancia para que le prestara los primeros auxilios. Mientras tanto, la patrulla del cuadrante 13 -16 capturó a otro de los asaltantes, mientras que el tercero se montó con una maleta a un automóvil Hyundai que quedó grabado en las cámaras de seguridad. Aunque parecía un asalto de película, en la maleta apenas había $523.700. El patrullero Hoyos se lamenta. Nadie debería dañar su vida ni por eso ni por ninguna cifra, dice.

Ese día no pudo hablar con su familia. Se encargó de que el asaltante herido recibiera la atención médica. Primero fue remitido al hospital Carlos Holmes, y luego al Departamental. Ahora está preso en una estación de Policía.

Cuando el patrullero habló con él, le dijo que robar era su manera de ganarse la vida. También le mentó la madre por habérselo impedido esta vez. Desde que comenzó la cuarentena, hasta el 28 de abril, 23 establecimientos comerciales del oriente habían sido asaltados.

La mamá del patrullero, por cierto, le exigió al siguiente día que le hiciera una video llamada, para cerciorarse de que se encontraba intacto. Al final le dijo que él tenía un angelito en el cielo que lo cuidaba en su empeño de que nadie se hiciera las preguntas que se hacía cuando mataron a Freddy Albeiro.

— Ese angelito es tu papá

Fuente: El País.

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